miércoles, 31 de octubre de 2012

The best deceptions.

Nunca me ha gustado One Three Hill. Es más, reconozco que sólo he visto algunos capítulos porque uno de mis amores platónicos siempre ha sido Chad Michael Murray. Pero algunas veces sus frases me tocan la fibra sensible.

En este momento hay seis mil millones, cuatrocientos setenta millones, ochocientas dieciocho mil, seiscientas setenta y una personas en el mundo. Algunas corren asustadas. Otras vuelven a casa. Algunas dicen mentiras para llegar al final del día. Otras simplemente están enfrentándose a la verdad. Algunos son hombres malvados en guerra con los buenos. Y algunos son buenos, luchando con los malvados. Seis mil millones de personas en el mundo. Seis mil millones de almas. Y a veces… todo lo que necesitas es una. 

Hace exactamente 366 días paseaba llorando por las calles de Madrid. Mi mente decidió olvidarlo durante un tiempo, pero hoy al despertarme con un nudo en el estómago no me ha hecho falta mirar al calendario para saber que día era. Dulce y  amargo a la vez. Recuerdo montarme en el tren de camino a Toledo, preferí sentarme sola y perderme en mis pensamientos. Se subieron un pequeño grupo de chicos jóvenes que decidieron ponerse a mi lado. Eran italianos. Cuando el tren comenzó a andar y nos íbamos alejando cada vez más, la sensación de vacío aumentaba y las lágrimas iban cayendo. Uno de los chicos, el que estaba sentado enfrente mío puso su mano sobre mi rodilla, levanté mi cabeza para mirarle y me encontré con una gran sonrisa y unos ojos preocupados, me ofreció un pañuelo y con un decente acento castellano me dijo la siguiente frase: No llores, él no lo merece. Como respuesta intenté esbozar una sonrisa más o menos convincente y acepté su pañuelo. Eso fue todo. En aquel momento no me dí cuenta de lo ciertas que eran sus palabras, pero ya ha pasado un año, y mirándolo con perspectiva... ¡Qué razón tenía aquel chico! Si le hubiera hecho caso desde el principio tal vez todo sería distinto y hoy no estaría aquí escribiendo esto. Quizás estaría más feliz. Quizás no. Ya no lo sabremos. 

Como esto de sufrir parece que me gusta, y es que la verdad es que soy algo masoquista, hoy me he dedicado a rememorar aquel día detalle a detalle. Francamente, lo único que se salva fue mi charla nocturna con Natalie, mirando el Templo iluminado desde las ventanas del hostal mientras comíamos chocolate y chucherías. 

Puede que me equivoque pero aunque duela, creo que lo más sano es decir adiós. Y a lo mejor la semana que viene, dentro de un mes o con el paso de un tiempo indefinido me arrepiento, pero estoy harta. Renuncio, no porque hayas dejado de importarme, sino porque he comprendido que yo ya no te importo. Así que a otra cosa mariposa. Y si por algún casual lees esto y te das por aludido, por fin entenderás que yo lo daba todo por ti. Llevo demasiado tiempo esperando a que pase algo y, ¿sabes lo que pasa mientras tanto? La vida. 


Así que mañana borrón y cuenta nueva. Y no, no voy a comerme el mundo, voy a desayunarme el universo. Porque la vida son dos días y uno de ellos siempre pilla lloviendo. Que le den a todas las chorradas por las que me he comido la cabeza estos últimos meses, quiero llegar a lo más alto. Voy a vivir en el presente y no en un mañana que quizás nunca llegue.

¡Feliz Halloween! ¡Miau!


Love,
Irene.

1 comentario:

  1. Que perra eres, las frases de OTH son solo mías, como me gusta. Y sinceramente, tenías que haberte tirado al italiano. Te quiero pichona :)

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