Aprovechando que estoy de puente y anoche tenía algo de tiempo libre, hice maratón de Sexo en Nueva York. Es una serie que me tiene enganchada desde el primer día que la vi cuando tenía 10 años. Oficialmente acabó en 2004, pero quién me conoce sabe que si algo me gusta lo veo en bucle hasta la eternidad, sin cansarme. Es bastante fácil identificarte con alguna de las 4 protagonistas en algún aspecto, solo te hace falta ver un capítulo para darte cuenta cuál de ellas serías tú en tu grupo de amigas. Además, me encantan las reflexiones de Carrie y sus artículos. También fue una de las primeras series que vi en la que se habla de ciertos temas sin ningún tipo de tabúes. Gracias a ella comprendí que no debo avergonzarme de ser yo misma, y también aprendí a expresarme libremente. Empezó mi interés por la moda al igual que por los chicos, y por supuesto mi pasión por la ciudad de Nueva York. Podemos decir que yo crecí con esta serie.
Y se dio cuenta de que la vida no era eso, la vida es caer y levantarse, y volverse a caer y volver a levantarse; la vida es alegrarte los viernes y joderte los lunes, y abrazar a quien te abrace y a quien no te abrace pues no le abrazas y punto, y no pasa nada.
En cualquier momento puede haber alguien que ponga mala cara al oir tu nombre, pero las únicas críticas que importan son las que te hagas tú mismo.
Mi humor a mejorado considerablemente desde el miércoles. De verdad necesitaba hacer ciertos cambios en mi vida. Y parece que de momento son los acertados. Mi pequeño trance otoñal ha terminado oficialmente, espero no tener que pasar por esto cada principio de estación o acabaré por volverme loca. Ahora mismo tengo mil proyectos empezados pero sin ninguna dirección ni final. Y ya no sólo me refiero a los trabajos de la universidad sino a mis propios proyectos personales tanto literarios como referentes a mi vida diaria. Es como si me hubiera tomado unas vacaciones un pelín más largas de lo que debiera y ahora mi mesa de trabajo está llena de papeles amontonados. Por eso mismo es posible que tarde algo más de lo esperado en pasarme por aquí de nuevo. Aunque quién sabe, igual todo va más rápido de lo pensado.
Ayer mismo estuve pensando en lo cerrada que soy en determinados temas y en su por qué. Mi tía nos hablaba sobre un hombre que había conocido en las últimas semanas, y mientras yo escuchaba atentamente y analizaba sus expresiones a la vez que me alegraba por ella, el resto de las que allí estaban afirmaban que todo estaba yendo demasiado rápido y se mostraban reacias a la situación. No es la primera vez que vivo una situación parecida, y exactamente por eso es por lo que soy cerrada. Si decido compartir mi felicidad con alguien no es para que se dedique a destruirla, sino porque por alguna razón quería que supiera lo que pasa por mi mente o simplemente quería desahogarme. No necesito que me lancen bombas porque yo misma lo hago muy bien. Al principio del día me planteaba si eso era algo que debería cambiar, pero está claro que no. Ni puedo, ni quiero.
El plan principal para la tarde de hoy era estudiar todo lo posible para mañana poder aprovechar la tarde libre. Pero si recibes un mensaje como este, ¿quién se puede resistir?
Tú, yo, sofá, frío, lluvia, palomitas, película, mantas. Piénsalo.
Con la tarde otoñal tan perfecta que hace no hay mucho que pensar, querida. Es el mejor plan del mundo. ¡Os deseo un feliz día de la Hispanidad! Será una tarde pasada por agua seguramente, pero no por ello tiene que dejar de ser una de las mejores del año.
Love,
Irene.
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