Me ha costado tiempo darme cuenta de las cosas que pasan a mi alrededor. Algunas veces estoy tan ocupada con lo que hay en mi mente que me es imposible centrarme en que la Tierra sigue girando y la vida sigue su curso. Y claro que he querido gritarle al mundo que pare porque yo decido bajarme, al más puro estilo Mafalda, pero eso sería rendirse muy fácilmente. Y una y otra vez tropiezo con la misma piedra, da igual que me ponga las gafas o ande con cuidado, nunca aprendo la lección. Mi universo paralelo es más fuerte y más feliz, allí las cosas ocurren cuando así lo elijo, nadie está triste ni hace daño, la sonrisa es la moneda de cambio, los amores imposibles no son tan imposibles, y los amigos duran para siempre.
Volvamos un año atrás. Mil cosas han cambiado, es más, nada sigue en su sitio. Desde aquel pendiente que escondiste hasta encontrar su pareja, como aquella carta que recibiste y prometiste que nunca perderías. ¿Dónde han ido a parar? Estoy segura de que están junto con las mil horquillas que desaparecieron de los cajones, el calcetín que se tragó la lavadora, aquel libro que desterraste al estante más alto, aquella persona que durante años fue tu mundo pero ahora no reconoces... Están todos juntos esperando, en aquel lugar secreto. El que se fue fuiste tú mismo. Decidiste cambiar.
Actualmente soy yo la que está en ese estado una vez más. Y sí, parece que siempre estoy en estado de cambio, pero ¿y qué más da? ¿De eso trata la vida, no? De caer. Levantarse. Odiar los lunes. Disfrutar de las pequeñas cosas. Intentar cambiar el mundo, al menos tu propio mundo. De buscar la felicidad. Abrazar. Llorar con las películas tristes y darte cuenta de que tu vida no está tan mal. De darte cuenta de que debes de dejar de buscar el amor, él es quién debe encontrarte. Bailar bajo la lluvia. Apropiarte de algún lugar y calificarlo como tuyo. Soñar despierto. Dejarte llevar. Besar. Equivocarte. Y adaptarte una, y otra, y otra vez. Los cambios siempre están ahí, a la vuelta de la esquina, esperándote dispuestos a llevarte por nuevos caminos.
No hay nada como un cambio de look para comenzar una nueva etapa. Así que bienvenido sea.
Mañana será un día nuevo
sobre el que seguro hay mil cosas para quejarse. Pero mirándolo con otra
perspectiva, es un día menos en nuestra cuenta atrás. El plan es
disfrutar. Sacar el mayor partido a cada segundo porque uno nunca sabe cuándo
será el último. Y tanto si me queda un mes como si vivo 80 años más, o si termino viviendo en París o en algún lugar remoto cerca de Australia, quiero tener la sensación de que ningún minuto fue desperdiciado y que nada fue en vano. Vivir no es pasar las hojas de un calendario, sino entender que cada hoja de ese calendario es única e irrepetible
Love,
Irene.

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