Hacía algo más de una semana que no publicaba, ni siquiera recordaba que tenía un blog en el que escribir. Puede que sea porque he estado demasiado ocupada, o porque no tenía nada interesante que contar. Ha sido una semana más en la vida de una estudiante universitaria. Con sus días raros y con sus encuentros awkward, pero sobretodo con toneladas de apuntes para estudiar. Lo que realmente marcó la diferencia fue recibir el regalito de mi queridísimo melocotón (aka Natalie) y la super-charla mensual con la Estrella de mi corazón (Star para los amigos). También vino bien ponerme al día con Raquel, hacía demasiado tiempo que no nos veíamos.
(Naomi y yo con nuestros regalos reguays)
El caso es que quería que supiéseis cuán especial es para mi el día de hoy que recién empieza. El 7 de octubre es el mejor día que puede existir a lo largo de los 365 que tiene el año. Que coincida con el fin de semana de Conferencia General lo hace mil veces mejor. No podéis imaginaros todo lo que pasa por mi cabeza en estos momentos. Después de una tough week como ha sido esta, no hay nada mejor que este sentimiento y todos los recuerdos que lo acompañan.
La gran noticia del día: Las mujeres podrán servir una misión a partir de los 19 años. Creédme, cuando el Presidente Monson lo ha dicho se me ha puesto la piel de gallina. ¡Me dan ganas de irme mañana mismo! Me han encantado los discursos de las dos sesiones de hoy, pero si tuviera que elegir un favorito, sin duda me quedo con las palabras de la hermana Ann M. Dibb.
(Yo también quiero una camiseta en la que ponga eso)
Resumiendo un poco todo. Hoy, sábado, ha sido un gran día, y espero que mañana sea al menos tan genial como hoy o incluso más.
Por cierto, ¿por qué todo el mundo ha acabado preguntándome hoy si tengo novio? Qué pasa, ¿tengo cara de emparejada? Siguiendo con este tema, debo aclarar que soy una enamorada del amor, y, de momento, eso es todo.
El viernes por la noche depués de un día intenso de estudio y de trabajo, decidí quedarme en mi casa y no salir a ningún lado. En esta época del año no suele costarme demasiado tomar esa decisión porque no existe plan más perfecto que quedarse en el sofá, con una manta y una buena película. Y qué mejor cuando tienes la casa para ti sola. A lo que iba, estaba haciendo zapping después de que acabara el capítulo de Sex and the City que estaba viendo, y decidí pararme en una película llamada Mi vida sin mi. Es un remedio estupendo para aquellos días en los que te apetece llorar como una magdalena. Deprimente como ella sola.
Tras un día cargado de emociones, tengo ganas de abrazar a todos los que quiero, sonreír y de ver la lluvia caer. Aunque todo eso tendrá que ser mañana porque ahora mi cama me reclama.
Love,
Irene.
PD: Por si no lo habéis apreciado, he renovado mi playlist a un modo más otoñal y deprimente. Masoquismo puro y duro.


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