Todo lo que nos confundía empieza a tener
sentido: nos vamos dando cuenta de que lo que importa son las cosas que no
podemos ver y que las que sí podemos ver no siempre son fieles a lo que
parecen. Con el tiempo nos damos cuenta de lo mucho que valen nuestras relaciones
y el lugar que merecen y de alguna forma, todo lo que
hacemos nos va transformando en algo mucho más grande. Conforme vamos
viviendo, vamos sintiendo y con el sentir se aclara todo: las lágrimas nos
revelan que son y siempre van a ser parte de nosotros, pero las risas nos
recuerdan una y otra vez que son la esencia de la vida.
Yo he crecido cerca de las vías y por
eso sé, que la tristeza y la alegría viajan en el mismo tren.
Love,
Irene
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