Si me hubierais preguntado esta mediodía cómo calificaba el día de hoy, os hubiese contestado -1000. Sin embargo, a partir de la tarde todo ha mejorado considerablemente. Ya no estoy estresada, ni agobiada. Sé lo que tengo que hacer y cómo hacerlo. He llegado a mi casa con una gran sonrisa. Estoy contenta. Y aunque me he perdido mi cita en la biblioteca de hoy, todo ha sido perfecto. Además, esta mañana he comprado un jersey precioso del que estoy completamente enamorada.
Hace un rato ha habido una gran tormenta en Logroño city. Llovía a raudales, había relámpagos y truenos, y lo peor y lo que más miedo me da, caían rayos en el parque de detrás de mi casa. Qué pánico. Menos mal que no estaba sola porque se ha ido la luz de todo el barrio y hemos estado así tal que 10 minutos. La última vez que me ocurrió algo parecido estaba yo sola en casa y pasé tanto miedo que me encerré en el baño y me escondí en la bañera. Como conclusión a ese hecho tan patético a mis 19 años, decidí que debía reducir la cantidad de películas de miedo que veía. Desde entonces ya no soy tan paranoica. A veces flipo, pero lo normal, como todo el mundo.
Durante la tormenta, mis padres no nos dejaban utilizar los ordenadores, así que Alejandro y yo hemos decidido desarrollar nuestro nulo talento musical con la flauta dulce. Podéis observar el desastre aquí:
También hemos estrenado la nueva webcam que ha comprado mi madre después de cargarse la anterior.
No todos los días son buenos pero siempre hay algo bueno en cada día.
Love,
Irene.



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