Os escribo desde mi paraíso rosa, donde hace fresquito y todavía llevo mi pijama. Parece que mis plegarias han sido escuchadas. Ya no hace calor, en su lugar hay una brisa genial que hace que llevar una chaqueta sea lo mejor del mundo. Soy feliz. Se nota, ¿verdad?
Ayer decidí encerrarme en casa cual ermitaño, necesitaba prepararme psicológicamente para lo que me espera. Estaba melancólica. La causa puede ser un exceso de acontecimientos en las últimas semanas... O una falta de acontecimientos... O quizás una mezcla de ambas. No se si termino de explicarme. Lo siento, soy una mente compleja. El caso es que terminé buscando nuevos libros que leer, y, como cada semestre que comienza, ya tengo una lista interminable. También encontré algo con lo que estoy completa y absolutamente fascinada.
Mi querida Wendy:
¿Me recuerdas? Lamento que la última vez que nos vimos te dijese “vuelvo enseguida” y, en cambio, me fuese a París volando para siempre. Sin embargo, he vuelto. ¿Recuerdas la primera vez que nos vimos? Era madrugada. Ya casi dormías. Entré volando en tu habitación. En tu habitación y en tu vida. ¿Recuerdas? No sé si perseguía a mi sombra o si, simplemente, estaba jugando y el azar hizo que te encontrase. Quisiste acompañarme al País de Nunca de Jamás, allí donde no íbamos a crecer. Sólo teníamos que ir hasta la segunda estrella a la derecha. Todo recto hasta el amanecer. ¿Recuerdas? Todos crecimos. Todos crecemos. Me resistí. Lo sabes. No sé cuándo lo descubriste tú. Quizás fue un día, cuando eras pequeña, tal vez, andabas jugando por un jardín, puede ser que cogieras una flor y corrieras hacia tu madre. Supongo que le parecería adorable, y, posiblemente, se llevara una mano al corazón y exclamara, o tal vez, sólo lo pensó: -¿Por qué no podrías quedarte así para siempre?
Nunca me hiciste un reproche, ni siquiera al final, cuando decidí no decidir. Por cierto, nunca te agradecí bastante que me explicases el final del cuento de Cenicienta que no había llegado a oír. Me diste un beso. El primero. Tu beso. En realidad, se parecía bastante a un dedal. Y yo te enseñé a volar. ¿Recuerdas? Sólo hay que pensar en cosas bonitas. Sólo era eso. La verdad, me sentí traicionado cuando me di cuenta de que habías crecido, de que ya no eras la niña que yo conocí. Pero ahora sé que era imposible retenerte, que estaba en tu naturaleza crecer. Ya lo sé. He vuelto. No te pido nada. No busco pasado en este presente adulto. Sólo quería que supieras que estoy aquí. Que he crecido. Tal vez, ahora, al leer estas líneas, seas tú la que intenta no crecer. No lo sé. Pero, esta noche, mira por la ventana de tu cuarto. Observa la ciudad apagada. Te visitaré, como hice hace años. Y hablaremos. De ti y de mí. Y si quieres, pensaremos en cosas bonitas.
Nunca te olvida,
Peter Pan
No, ya no soy una niña de 8 años, pero Peter Pan fue mi primer amor y todavía le guardo cariño. Anyways, a mi también me ha tocado crecer, me guste o no. Y aunque preferiría quedarme encerrada en mi habitación durante semanas y no hacer absolutamente nada, voy a aprovechar my last three days. Voy a salir a la calle y terminar de tachar cosas en mi lista de quehaceres veraniegos porque las cosas cambian, no mejoran porque sí; debemos mejorarlas, no quedarnos sentados esperando a ver qué pasa. Así que hoy cambio de aires.
Por cierto, estoy tratando de controlar mi adicción a facebook, llevo 2 días sin meterme, no creo que dure mucho más, pero es un avance.
Os deseo un feliz viernes :)
Love,
Irene.
Sin querer darme cuenta me he dado cuenta de que ambas dos hemos deseado un feliz viernes por el blog. Por cierto, de donde te has sacado lo de Peter Pan? Cada vez que me acuerdo de cuando vimos la película con el melocotón muero!
ResponderEliminarAh, por cierto.
ResponderEliminarQuerido Peter;
Preguntas si te recuerdo, ¿cómo no hacerlo?
Te conocí aquella noche en la que entraste en mi habitación, perdido, buscando tu sombra, y yo la encontré, y la zurcí para ti. Y te di un beso, que tienes razón, se parecía bastante a un dedal. Y durante muchas noches volviste, y me enseñaste a volar….sólo tienes que pensar en cosas bonitas, decías. Me hablabas de Nunca Jamás, el país del que venías, en el que los niños no crecían y quise irme contigo, pero te fuiste volando a París y no volviste…
Y es cierto, crecí, fui descubriendo el mundo, pero siempre buscaba lo que me habías enseñado. Buscaba hadas entre las flores, y cuando lloraba, guardaba las lágrimas, no fueras a volver un día y pudiéramos revivir a cada una de ellas.
He buscado sombras perdidas, pensando que podrían ser la tuya, pero ninguna me ha dejado que la cosiera.
He pasado los días con un dedal en el bolsillo, creyendo que en cualquier momento podría regalártelo.
Me he encontrado con Garfio varias veces, y lo he vencido, bueno, quizás alguna vez haya ganado él, pero he sabido sobreponerme, porque a fin de cuentas el tiempo pasa, y esa es la forma de ganarle.
He crecido, si, y he sido feliz, siempre creyendo que podía encontrarte, pensando que por fin, un día decidieras volver, tras haberte dado cuenta que merece la pena crecer, y mostrarte así, que aun con todo, existe esa estrella a la que poder volar…es tan sencillo….piensa en cosas bonitas, piensa….
Nunca te he olvidado
Wendy
Oiiiiiiiiiiiiiiiiiiiish :)
ResponderEliminar